5 fundadoras comparten el hito que cambió sus vidas

Estos son algunos casos de superación de referentes de distintas partes del mundo que han atravesado un hito impactante en sus vidas y que las llevaron a donde están hoy. Leé más en este post.

*Adaptación de la columna de Amy Sorrells para el Blog de Oracle for Startups

No es ningún secreto que las mujeres están rompiendo barreras e impulsando cambios positivos en el mundo. No hay más que ver a las fundadoras y emprendedoras que crean tecnologías y movimientos transformadores para mejorar la sociedad y los negocios. Sin embargo, lo que no siempre se cuenta es el detrás de escena de estas increíbles mujeres han llegado a su nivel de éxito.

Estas son algunas historias de superación de emprendedoras para inspirarte. Cada una de ellas desarrolla un aspecto que detonó algo dentro suyo y las convirtió en quienes son hoy.

“Dejé de beber y eso cambió mi vida”

Arlan Hamilton ya tenía éxito y estaba teniendo un gran impacto en el ecosistema. Funcionaba muy bien y había construido un fondo de capital riesgo desde cero, pero sabía que algo la frenaba. Ese algo era el alcohol. Dejar de beber desbloqueó todo su potencial y abrió sus superpoderes. El mensaje de Arlan es su esperanza. “Lo que finalmente me ayudó fue un libro llamado This Naked Mind, de Annie Grace. Sugiero la versión en audio. Lo cambió todo, me liberó”, dice.

“Sinceramente, pensé que iba a tener que ir a rehabilitación. Iba a tener que interrumpir toda mi vida. Pensé que siempre iba a ser una lucha, y que siempre iba a odiar estar sobria y todas esas cosas. Quiero decir, era muy, muy profundo y real. Que un libro cambie todo eso fue asombroso, sigue siendo asombroso. Desde entonces he podido ser muy productivo”.

Arlan es la fundadora y socia gerente de Backstage Capital, un fondo que se dedica a minimizar las disparidades de financiación en la tecnología invirtiendo en fundadores de alto potencial. Es una exitosa empresaria, autora y promotora del cambio a nivel mundial.

“La vulnerabilidad es un superpoder. Abrazar la mía me ha convertido en una mejor líder”

La vulnerabilidad no es una debilidad. De hecho, es un superpoder, dice Veera Johnson, una experimentada ejecutiva y cofundadora de Circulor. Irónicamente, la vulnerabilidad es el último signo de seguridad. Para ser abierto con los demás, tenés que estar seguro de vos mismo. Pero llegar a eso es un viaje. Un camino que aprendió muy pronto en su vida y que continúa hoy en día.

“Sigo recorriendo el camino. Y uno mejora en el manejo de sus emociones -se vuelve más inteligente emocionalmente- y eso lleva a más éxito, progreso y paz”, comenta la emprendedora.

Al principio de su carrera, siempre tuvo modelos masculinos y mentores, pero muy pocas mujeres. “Y aunque los hombres eran fantásticos, era muy difícil explicar lo que sentía por dentro, sin que pareciera que estaba siendo demasiado emocional. Sabía instintivamente que era importante, pero no sabía cómo hacerlo”.

La vulnerabilidad no está muy aceptada ni se acepta, sobre todo en el espacio de la tecnología y de las startups, que son muy exigentes. Veera insiste en que se puede ser competente, decisivo y fuerte, y seguir siendo vulnerable. “Sé que muchos hombres sienten lo mismo, pero lo ocultan mejor. Todos tenemos dudas, inseguridades y preguntas, ¿por qué no aceptarlo? La vulnerabilidad es el punto de conexión. Y eso abre la puerta a la confianza, la colaboración y el progreso”, agrega la emprendedora.

El consejo de Veera a los líderes: “Predicar con el ejemplo. Encuentro que porque lo estoy viviendo, les da a los demás el permiso para hacerlo también”.

“Elegí estudiar ingeniería. Ese fue mi gran punto de inflexión, en más sentidos de los que imaginaba”

Maren Bannon creció en el área de la bahía de San Francisco en una familia en la que se trataba a todos por igual y se les animaba a convertirse en lo que quisieran. Maren eligió estudiar ingeniería en Dartmouth, una decisión que guiaría su vida en más de un sentido.

Durante este proceso, experimentó por primera vez el hecho de ser una “forastera”, es decir, la alumna que había llegado a la clase y venía de otro lugar. “Ese primer día me senté en la última fila y me sentí muy diferente”, recuerda. “No era sólo el desequilibrio de género, sino la forma de enseñar, los proyectos y los laboratorios estaban muy orientados a los hombres, como la codificación de videojuegos y la soldadura de una máquina de vapor. Fue realmente revelador para mí”, explica Maren.

A pesar de haber obtenido una beca para continuar sus estudios de ingeniería, se graduó y optó por la vía de las startups y el MBA, en parte por esa experiencia ajena. Pero, la experiencia acabó inspirándola para cofundar January Ventures, una empresa de capital riesgo centrada en la inversión en grupos femeninos e infrarrepresentados para ofrecer “un ecosistema tecnológico con igualdad de oportunidades”.

Las mujeres no deben sentirse excluidas. Deben tener el apoyo y los recursos para alcanzar sus sueños, cree Maren. Y está apoyando a las empresas emergentes que ayudan a construir ese mundo, como Edlyft. Fundada por dos mujeres, Edlyft es una plataforma que apoya a los estudiantes universitarios de informática y STEM con herramientas de colaboración y recursos para ayudarles a graduarse con confianza.

“Creemos que los fundadores de la próxima década serán fundamentalmente diferentes: más mujeres, más diversos y más distribuidos. Todos desempeñamos un papel, desde los educadores hasta los ejecutivos y los inversores. Y pensar que todo empezó sentado en la última fila como un extraño en la escuela de ingeniería”, explica la emprendedora.

“El coding me hizo descubrir mi tenacidad y me dio el valor para convertirme en fundadora”

“Descubrí que era enormemente tenaz”, dice Jenny Griffiths, directora general y fundadora de Snap Vision, sobre su experiencia aprendiendo a codificar. Fue un descubrimiento sorprendente para Jenny, una introvertida por naturaleza. Por supuesto, el coding es un conjunto de habilidades valiosas, pero para Jenny abrió mucho más.

Cuando crecía, era una alumna de alto rendimiento, siempre la mejor de su clase en su escuela para chicas. Destacaba en matemáticas, ciencias y creatividad. Sin embargo, su experiencia en el primer año del programa de informática de la Universidad de Bristol fue muy diferente.

“De repente, todo cambió. Estaba rodeada de casi todos los chicos, la mayoría de los cuales llevaban codificando desde los nueve años, y yo no había escrito literalmente una línea de código en mi vida. Pasé de ser el primero del grupo a ser el último. Fue increíblemente impactante y duro”, dijo Griffiths.

Pero no se rindió y superó sus propias dudas. Incluso sus amigos y familiares compartirían años después que pensaban que había vuelto a casa. Pero Jenny perseveró en sus estudios y acabó tropezando con una nueva disciplina llamada visión por ordenador. “Entonces todo encajó. Es como si mi cerebro creativo y mi cerebro de ingeniero se armonizaran. Fue una auténtica inyección de confianza y me hizo sentirme agradecida por haber profundizado en algo que sabía que iba a disfrutar a largo plazo”, añade.

A continuación, ganó los principales premios de la universidad, la mejor tesis de ingeniería en la web y el concurso de empresas de la universidad, convirtiéndose en la segunda estudiante de grado en conseguirlo. Ese plan de negocio fue el núcleo de lo que se convertiría en Snap Vision, su plataforma de búsqueda y descubrimiento visual basada en IA para minoristas.

La codificación dio rienda suelta a las fortalezas latentes de Jenny y le abrió un nuevo camino profesional. “Descubrí que era muy resistente y tenaz”, dice, y señala que si no hubiera elegido la codificación no lo habría descubierto. Es mentora de mujeres jóvenes sobre la importancia de la codificación, de creer en ti misma y de desarrollar tus puntos fuertes. “La tenacidad es un poco como un músculo, hay que ejercitarla. Y es en los momentos difíciles cuando creces, te desarrollas y aprendes a confiar en ti misma. Eso no tiene precio”, comenta la emprendedora.

“Una afección cardíaca me tenía en una burbuja autoimpuesta, aprender a aceptar el riesgo me liberó”

Cuando crecía, Riham Satti prefería tener el control y permanecer en su zona de confort. Al nacer con una afección cardíaca que requería operaciones a corazón abierto, se volvió naturalmente más tímida físicamente. “No podía controlar la cardiopatía congénita, quería controlar todo lo demás. Y evitaba cualquier cosa arriesgada o incierta”. Satti dice que su deseo de control fue una de las principales razones por las que destacó en ingeniería y matemáticas, porque son “exactas y precisas”.

Con una sólida aversión al riesgo, fundar una empresa era lo más alejado de su mente. “Nunca quise ser empresaria. Y punto”, dice. Los emprendedores asumen riesgos, aceptan el fracaso y se enfrentan a constantes incertidumbres. “Esa no era yo… sólo que resultó que sí lo era”.

En 2011, decidió arriesgarse, solicitando el ingreso en una universidad que no había hecho para la licenciatura porque “no creía que me aceptaran”. Fue aceptada en la Universidad de Oxford para sus estudios de postgrado en Neurociencia Clínica. Esta experiencia la introdujo a hacer cosas nuevas y aterradoras, obligándola a expandirse fuera de su burbuja autoimpuesta. “Empecé por la vía del doctorado, pero lo cambié por un máster porque me di cuenta de que quería dedicarme al emprendimiento”.

En 2014, fundó la empresa MeVitae, una solución basada en la IA para crear equidad en el lugar de trabajo a través de herramientas de reclutamiento y contratación no sesgadas, que se conectan a los sistemas de recursos humanos existentes o a los sistemas de seguimiento de solicitudes (ATS). La vida de emprendedora le brindó más oportunidades de asumir riesgos, como aprender a establecer contactos y hablar en conferencias. “No era algo natural. Era una mujer negra, tímida, de 1,70 metros, y no me parecía a nadie más. Tuve que salir de mi zona de confort. Me obligué a hacer contactos, di esas charlas. Y pude romper esa burbuja y desbloquear muchas oportunidades”.

Hoy no hay ni rastro de esa persona tímida. Riham, oradora de TEDx y nombrada por Forbes como fundadora británica a tener en cuenta, es mentora de mujeres jóvenes para que acepten el riesgo. “Somos mucho más fuertes de lo que pensamos. Todos tenemos una mentalidad de crecimiento. Tomar riesgos, riesgos calculados, y empujarte fuera de tu zona de confort, libera tu verdadera fuerza y potencial.”, explica Satti.

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Endeavor Argentina

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