Zafrán: un emprendimiento que se preocupa por nuestra alimentación con recetas honestas

Él es Nito Anello y cofundó Zafrán, una compañía de snacks saludables que piensa más allá de lo que comemos. Es ingeniero, trajo un modelo (demasiado) innovador para su época, cambió a tiempo y en esta nota comparte sus aprendizajes.

¿Qué hay de comer? ¿Qué comemos? Dos preguntas que nos hacemos todos los días, varias veces. Y en esta elección entra en juego la salud, el impacto de lo que consumimos en el ambiente, y mucho más.

Los emprendimientos buscan mejorar el mundo. Y Nito Anello, cofundador de Zafrán, creó su compañía para cambiar el mundo desde la alimentación. Nito es curioso por naturaleza y tuvo varios trabajos en relación de dependencia antes de jugársela. De hecho, cuando tenía 14 años ya se las rebuscaba para reparar computadoras y dar clases. Años después, trabajó en empresas multinacionales, pero se dio cuenta que su mundo no iba por ahí…

El lema de Zafrán es “recetas honestas” y esos valores están presentes en cada una de las áreas de la compañía, desde los productos, un equipo inclusivo y un compromiso social hacia la buena salud.

A continuación, la historia del emprendedor en primera persona.

E: ¿Qué hito -si es que lo hubo- desencadenó el primer paso?

NA: Un buen día arrancamos con Charlie Rivero Haedo, mi socio, a pensar ideas. Arrancamos un proceso de búsqueda de ideas y vimos muchísimas opciones que no terminaban de cerrarnos. La alimentación era lo que más nos gustaba. En algún momento nos dimos cuenta que siempre que nos juntábamos terminábamos comiendo frutos secos. Los dos veníamos con experiencia en consumo masivo y nos pareció buena idea arrancar por ahí. Además, no teníamos casi capital inicial, así que arrancar vendiendo mix de frutos secos era una idea posible con poca plata. Terminamos armando un copycat de una empresa inglesa (Graze.com) y con ese modelo lanzamos.

 

E: ¿Tenías experiencia en el sector?

NA: Sí. Yo arranqué a trabajar de muy chico en un montón de cosas. Uno de mis primeros trabajos fue en Coto como pasante en el sector de compras. Cuando terminé la pasantía me ofrecieron ser comprador. Tenía unos 21-22 años y era comprador de bebida sin alcohol. Una responsabilidad enorme. Después por las vueltas de la vida me fui a vivir a Irlanda y también trabajé en un supermercado.

A mi vuelta me recibí de Ingeniero Industrial en la UBA y trabajé para Pernod Ricard en marketing de whiskies y después en trade marketing de distribuidores. Ahí fue cuando ya supe definitivamente que no me veía en una multi, renuncié y me fui a trabajar en Covac, la empresa constructora de mi viejo.

 

E: ¿Y qué pasó después?

NA: Ahí pude desarrollar nuevos negocios, hicimos emprendimientos inmobiliarios y aprendí cómo funciona la vida en la PyME. A mí me gusta ver el impacto de mi trabajo en el negocio general. En las multinacionales sentía que yo era una partecita mínima y que mi trabajo era más hacer una buena PPT que realmente pensar en el negocio – del que nunca terminaba sabiendo los números reales.

 

 

E: ¿Qué valores tratás de transmitir con Zafrán?

NA: Apenas arrancamos con Charlie escribimos los valores de la empresa, que todavía siguen vivos. La bondad y la honestidad es lo primero que tratamos de transmitir (o contagiar con el ejemplo), a clientes, proveedores, el equipo, aliados y toda la comunidad. Puede sonar ingenuo, pero para nosotros implica ganar consciencia de por qué emprendemos, de por qué hacemos lo que hacemos, de para qué nos levantamos todos los días. Si de algo estamos seguros es de que no creamos Zafrán por la ambición de ganar plata. Nuestro propósito es mucho más grande: queremos mejorar la alimentación de todas las personas de este mundo.

No nos da vergüenza pensar en grande. Esto nos impulsa a crecer, pero al mismo tiempo nos desafía a pensar el impacto de nuestro crecimiento en la sociedad y el medio ambiente. También hay otros valores asociados que tratamos de transmitir: el diálogo, la transparencia, la simplicidad y la búsqueda de la excelencia.

 

E: ¿Qué desafíos iniciales se te presentaron? ¿Cómo los resolviste?

NA: Uf, millones. Siguen apareciendo todo el tiempo. El principal desafío cuando arrancamos fue intentar meternos en un modelo de negocios que no conocíamos y en el que, para mí, estábamos adelantados al mercado. En 2012, lanzamos Zafrán desde la casa de Charlie vendiendo snacks online con un modelo de suscripción. Yo cocinaba y él entregaba en bici. Por suerte cambiamos el modelo a tiempo y pasamos a vender en kioscos y dietéticas.

 

E: ¿Y ahora podés decir que esto cambió?

NA: Hoy -casi 8 años después- volvimos a abrir nuestra tienda online y es un éxito. Cada vez más gente compra a través de nuestra web.

 

E: Recién nombrabas tus desafíos iniciales. ¿Qué desafíos tenés actualmente?

NA: Tengo muchos desafíos. En mi opinión, el más urgente es lanzar una línea de productos para chicos con el propósito combatir la obesidad infantil. Empezaremos por dos variedades de galletitas orgánicas y seguiremos con muchos más desarrollos. Trabajamos todo el año con el fin de que el lanzamiento acompañe la vuelta a clases en 2020.

Además, personalmente me da muchísima bronca porque lo sufren chicos que no eligen, están a la merced de lo que le ofrecen sus padres y sobre todo la industria. Los indicadores de la región en general y de nuestro país en particular son alarmantes.

 

E: ¿Cómo fue el crecimiento de Zafrán a lo largo de este tiempo?

NA: Está siendo muy divertido. Hace poco hicimos una dinámica con los amigos de Emprendia (consultora en procesos de sustentabilidad) y dibujamos una línea de tiempo en la oficina, con los hitos más importantes de la historia de Zafrán. Fue uno de esos momentos en los que paramos la pelota. Con el marcador en la mano me di cuenta que hubo muchos momentos decisivos, cambios en el modelo de negocio, diversificación de productos, nuevos de canales de venta, grandes aliados, se sumó Diego Salmain como socio, etc.

También esa instancia me permitió dimensionar cómo multiplicamos los kilos producidos, como duplicamos la facturación año a año, como pasamos de ser dos amigos cocinando en un departamento a producir en cuatro plantas (incluyendo una propia de barras). Y aun así, creo que el gran crecimiento es el que está por venir. 

 

E: ¿Cómo te organizás para trabajar?

NA: Hace ya tiempo aprendimos que lo mejor es que yo no tenga muchas tareas operativas. Entre Diego, Charlie y el equipo hacen que la empresa funcione. Mi trabajo es desarrollar los nuevos proyectos y estar muy atento a qué es lo importante en cada momento para poder ir marcando prioridades. Me ocupo principalmente de cuidar el propósito de la empresa y aumentar el impacto positivo en temas sociales y ambientales, del desarrollo de la marca y la comunicación, de la búsqueda de personal y de las cosas que escapan del día a día.

En general tengo una reunión por semana con el equipo de comunicación, una con el equipo de producción y una con mis socios. Con eso ya nos alcanza para estar alineados y laburar cumpliendo objetivos.

 

E: ¿Cómo es un día habitual en tu vida?

NA: Por suerte no tengo “un día habitual”. Me cuestan las rutinas. Creo que una de las pocas cosas que hago habitualmente es tomar mate todas las mañanas y jugar con mi hija todo lo que puedo. Después trabajo en la oficina o tengo reuniones. Descreo totalmente en esa división de “trabajo” y “vida”.

Trato de borrar esa línea todo lo posible y disfrutar mucho cada momento. Creo que emprender es una forma activa de vincularnos con el mundo, de conocer a los otros y a uno mismo.  No es algo separable del resto de la vida.

 

E: ¿Qué clase de líder sos?

NA: Todavía me falta mucho, pero siento que aprendí bastante. Al principio estaba encima de todo y quería que todo se hiciera como yo quería. Esto generaba muchísima fricción en el equipo, pero la verdad era que los primeros 2 o 3 años de Zafrán no había equipo a quién delegar nada, entonces me había quedado un mal vicio.

 

E: ¿Y hoy?

NA: Hoy trato de marcar prioridades lo más claro posible y hago seguimiento de los objetivos. Opino sobre la mejor manera de hacerlo en función de mi experiencia, pero no impongo. Cada vez confió más en el trabajo de cada uno.

 

 

E: ¿Cómo formaste tu equipo de trabajo?

NA: Tengo la suerte de trabajar con gente que me da felicidad. Tratamos de buscar gente que comparta nuestro propósito de mejorar la alimentación haciendo una empresa distinta. Gente que le mueva el desafío de lograr un impacto positivo en lo social y lo ambiental. Para trabajar con nosotros es clave estar alineado a nuestros valores.

Hoy estamos con el desafío de hacer escalar nuestra nueva planta de producción de barras, de gestionar un equipo cada vez más grande y en el que trabajamos mucho con la inclusión. Por ejemplo, tenemos dos jóvenes en el equipo que salieron de la cárcel hace poco y que conocimos a través de la fundación Espartanos. También hay dos pasantes con discapacidad. Eso agrega una complejidad hermosa a algo que ya es complejo de por sí. Pero claramente nos motiva.

También desde 2014 trabajamos con Granja Andar, una organización que trabaja generando oportunidades de inclusión para gente con discapacidad. Ahí producimos todas nuestras granolas y son un aliado fundamental.

 

E: ¿Qué iniciativas tenés hacia la comunidad?

NA: Hoy estamos trabajando con varios emprendedores de alimentos para buscar tener una voz en aspectos legislativos. Arrancamos porque se me ocurrió armar un grupo de WhatsApp con mis amigos emprendedores. En menos de dos semanas ya éramos más de 120 fundadores de empresas de alimentación y nos fuimos dando cuenta que todos tenemos problemas similares y que muchos tienen que ver con que temas legislativos.

Todavía estamos en las trincheras, pero la idea es lograr que podamos ser un país con legislación más moderna en cuanto a ingredientes, etiquetado frontal, cuidado de la publicidad para niños y otros aspectos que hacen a la salud pública.

 

E: Una palabra que te defina

NA: Gracias.

 

E: ¿Pensás que emprender fue un antes y un después en tu vida? ¿Por qué?

NA: No siento que sea un antes y un después. Mi vida es un devenir y siento que crezco constantemente. Emprender es parte de ese crecimiento.

 

E: ¿Cómo te ves de acá a 5 años?

NA: Feliz. Haciendo algo que me guste y que sirva al mundo. Capaz con más hijos.

 

E: ¿Cuál es tu sueño?

NA: Me gustaría llegar a ser un viejo sabio.

 

E: ¿Qué te dirías a vos mismo hace 10 años atrás?

NA: Creo que lo mismo que me digo ahora: No seas tan exigente con vos mismo.

 

E: ¿Cuál fue el consejo más importante que te dieron y que aplicás al trabajo?

NA: Emiliano Chamorro, un gran mentor, nos agarró cuando recién arrancábamos con Zafrán y nos dijo algo así como que teníamos que “lograr que mucha gente quiera que nos vaya bien”. Creo que fue un gran consejo para ser más generosos, compartir mucho y aprovechar la buena energía de todos. Hoy siento que somos una empresa muy querida por el ambiente y por nuestros clientes.

 

E: ¿Qué le recomendarías a otros emprendedores que tienen una idea y no saben cómo empezar?

NA: A mí, una de las cosas que más me sirvió fue elegir primero con quién y después buscar bien qué. Al final del día ese “qué” va a ir mutando y transformándose, pero el día a día va a ser con ese o esos socios iniciales. Después de ahí, enfocarse en el propósito. Es fundamental preguntarse: ¿Qué problema querés solucionar?

Y siempre, actuar, avanzar. Emprender es hacer que las cosas pasen.

Endeavor Argentina

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