Emprendedores con vocación sostenible

En el mundo emprendedor crece la idea de crear empresas rentables pero que también generen un impacto social y ambiental positivo para la comunidad. Las experiencias de Arbusta y Ualá.

Publicado originalmente en la edición n°18 de Eye to Eye, de PWC.

Los emprendimientos con propósito social están creciendo en el mundo empresarial. Sus fundadores asocian el crecimiento económico a la promoción del bienestar social y ambiental, y buscan aplicar ideas innovadoras en sus negocios para solucionar problemáticas que apremian a sus comunidades. Toman el compromiso de generar impactos positivos en la sociedad, saldar una necesidad, ayudar a otras personas con determinados productos y/o servicios y colaborar con el cuidado del medioambiente.

“Observamos un efecto multiplicador entre los nuevos emprendedores -y también los inversores- que va marcando una tendencia respecto de este tipo de iniciativas, a partir de un propósito claro y concreto, que aporte un beneficio más allá del negocio, generalmente enfocado en la comunidad”, comenta Ignacio Aquino, socio de PwC Argentina.

Muchas veces inspirados por historias personales o familiares, por experiencias en asociaciones civiles del ámbito social o motivados por la consciencia y la responsabilidad con el entorno, los emprendedores sociales construyen, evalúan y persiguen oportunidades de cambios, integran la rentabilidad de sus empresas con su vocación por la sustentabilidad y buscan empoderar a colectivos sociales que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

“Sin duda, las experiencias personales -directas o indirectas- resultan una motivación clave para quienes deciden emprender con un propósito social. Es el punto de partida para detectar una necesidad y trabajar en soluciones que la reparen de manera innovadora y creativa”, destaca Aquino.

Arbusta, la inclusión laboral

Arbusta nació a partir de la pregunta que un cartonero le hizo a un desarrollador de software de un emprendimiento anterior: “¿Qué tienen que hacer mis hijos para no ser cartoneros como yo?” Federico Seineldin, uno de los creadores de esta empresa de servicios tecnológicos, cuenta que este fue uno de los inputs para iniciar el proyecto. “A los socios fundadores nos agarró el 2001 como emprendedores y entendimos que si no construís distinto la sostenibilidad es solo un concepto hueco. Si tenés tu emprendimiento sostenible en un contexto que es insostenible, siempre tiene fragilidad. Lo que empezamos a pensar es cómo integrar la fragilidad al modelo de negocios, cómo hacer una comunidad más sostenible”, asegura.

Fue así que Seineldin, Paula Cardenau, Emiliano Fazio y Juan Umaran aunaron sus experiencias en la industria tecnológica, en el emprendedorismo social y en el área de responsabilidad social corporativa para poner en marcha -hace seis años- esta empresa que tiene como sello distintivo la integración laboral. El 95% de las 300 personas que conforman Arbusta son jóvenes que provienen de situaciones de fragilidad económica, sin formación ni experiencia previa en tecnología, y que tienen allí su primera oportunidad de empleo en el mundo IT. Más de la mitad son mujeres, otra singularidad para el universo tecnológico. “Estamos derribando falsos mitos”, sostienen en la empresa.

“El mundo de la tecnología tiene el problema de que el talento es escaso. Nos dimos cuenta de que ese talento existe, pero nadie lo mira ni invierte los dos o tres años que necesita este talento para aflorar. En un inicio arrancamos con servicios poco sofisticados, para tener una curva de aprendizaje más corta, pero ahora ya brindamos servicios automatizados de testing e incluso desarrollamos software. Formamos a las personas a medida que van trabajando (learning by doing)”, afirma Seineldin. Parten de la base de que los millennials y centennials son nativos digitales, entonces se los entrena para las funciones concretas a desarrollar y en dos meses están operativos. Para sumarse a la empresa, solo deben saber leer y escribir (por ahora no se les pide que hayan terminado el secundario), estar familiarizados con un smartphone y “muchas ganas de trabajar”.

Con operaciones en Buenos Aires, Rosario, Montevideo y Medellín, Arbusta brinda servicios de aseguramiento de calidad de software, datos e interacciones (Data Services, Applications QA, Machine Learning Training, Digital Interaction y Maquetación Web). En su lista de clientes figuran empresas como Mercado Libre, Disney, L’Oreal, bancos Comafi y Macro, Natura, Fox Sports e YPF. El año pasado alcanzó una facturación de casi 1,6 millones de dólares. También tienen solicitudes de distintas partes del mundo, como Asia o África, para replicar allí el modelo Arbusta en contextos de fragilidad socioeconómica.

El emprendimiento está organizado en células de trabajo -elásticas y adaptables- por proyecto, que tienen el liderazgo de un referente técnico y un project manager. Los jóvenes que se incorporan comienzan con tareas de shadowing, siguiendo y aprendiendo de los arbusters más avanzados, de modo que la experiencia se va transmitiendo dentro del mismo equipo. “La magia de esto es cómo armás esas células para que la calidad del delivery del servicio se cumpla y hasta exceda el contrato acordado con nuestros clientes”, destaca Seineldin, quien apostó a un cambio luego de haber realizado el camino tradicional con su empresa Openware, que en 2008 fue adquirida por Globant.

A medida que llegan nuevos clientes, se incorporan más arbusters. Al día de hoy pasaron más de 500 personas, que llegan a través de las redes sociales o del boca a boca. Al comienzo abrieron oficinas en los barrios populares para su operación, pero hoy cuentan con facilities propios. Hay una instancia de evaluación virtual y presencial, luego pasan a formar parte de nuestra nómina. La mayoría en un inicio trabaja parttime. “Nosotros no tenemos el problema del sourcing de personas de la industria, nuestro foco hoy está en la sostenibilidad económica. Es un modelo que se logra con clientes y proyectos como en cualquier empresa del rubro”, dice el cofundador.

En Arbusta explican que, a diferencia de otras compañías IT, no ponen el acento en “vender” talentos individuales, sino en brindar servicios con SLA (Service Level Agreement). Seineldin considera que “cuando hay intenciones de trabajar y de mejorar tu contexto, hay un foco y una camiseta muy muy fuerte que en otros sectores socioeconómicos no los ves”. Casi todos los que ingresaron sin haber terminado el secundario, lo hicieron, y algunos empezaron estudios universitarios. A otros se les abrieron nuevas oportunidades en otras empresas tecnológicas.

Mientras el arbusto sigue creciendo, están llegando a su punto de equilibrio financiero y preparan una ronda de inversión para el próximo año para poder escalar el modelo. En Arbusta también trabajan en un cambio del modelo de gestión: “Queremos que sea una ‘speak up organization’, es decir, que las decisiones se tomen de manera transparente en todos lados; que si alguien tiene una idea brillante pueda pasar la barrera natural de su jefe, plantearla y ejecutarla”, remarca Seineldin. Y de hecho pasó: mirando el trabajo de sus compañeros, un chico desarrolló un dispositivo que lograba una productividad un 30% mayor; y terminó explicando cómo se usaba al área de desarrollo de uno de los unicornios locales.

Para el año próximo preparan un libro sobre la experiencia de Arbusta: “Es la diferencia entre la mirada del asistencialismo y la mirada del desafío y de la oportunidad”, sintetiza su director.

Ualá, la inclusión financiera

En las paredes de las oficinas de Ualá sobresalen algunas fotos del colapso económico de 2001. “Mucha gente me dice que son depresivas, pero es de donde venimos”, asegura Pierpaolo Barbieri, fundador de esta fintech, que fue lanzada en octubre de 2017 con el objetivo de mejorar la inclusión financiera en el país y que dos años después ya contabiliza más de 1,2 millón de tarjetas prepagas emitidas. El volumen de dinero que se transacciona por medio de esta aplicación aumenta mensualmente entre un 10 y un 15 por ciento.

Luego de doce años fuera del país, Barbieri decidió regresar para poner en marcha este emprendimiento con el “sueño” de reducir el alto porcentaje de personas (más del 50%) que en Argentina solo pueden pagar en efectivo porque no tienen acceso a la bancarización. En equipo con colaboradores provenientes de la industria tecnológica (ex Globant, Mercado Libre y Google) y del sector financiero (Citi y JP Morgan), desarrollaron toda la tecnología que demanda la app y los servicios que brinda, firmaron un contrato con Mastercard y lograron inversores de peso como Georges Soros, Goldman Sachs y Tencent.

“Nosotros somos un país relativamente rico en términos de PBI per cápita y sin embargo bastante pobres en inclusión financiera. Entonces, la idea de Ualá era crear una solución financiera que pudiera llegar a la mayoría de la gente, bancarizada o no. Para lograr eso teníamos que crear un producto diferencial que atrajera a la gente al sistema. Cada vez que alguien nos decía que era imposible, nos motivaba un poco más”, recuerda Barbieri. Hoy el 3,5% de Argentina es usuario de Ualá, con presencia en todas las provincias.

Comenzaron con una tarjeta prepaga Mastercard, sin costos de emisión, renovación, mantenimiento o cierre. Y luego sumaron el pago de facturas con 4.000 servicios integrados, carga de saldo de celulares y tarjeta SUBE, una herramienta de análisis de gastos y la posibilidad de transferir y recibir dinero de cualquier institución bancaria o fintech del país a través de la interoperabilidad de la Clave Virtual Uniforme -Ualá fue la primera fintech en habilitar CVU para ingreso y egreso de dinero-. En marzo también comenzaron a otorgar préstamos; llevan prestados más de 40 millones de pesos, que sale del flujo aportado por los inversores, ya que no hacen intermediación financiera.

“Emitimos 5.000 tarjetas por día. Cada vez hay más gente que quiere Ualá y nosotros hacemos lo que nos piden los usuarios. Para nosotros eso es toda una revolución. Darle tarjeta a todo el que la pida, romper la barrera de que quien tiene crédito sea el que siempre tuvo crédito”, remarca Barbieri. Y cuenta que los usuarios, a veces de zonas más postergadas, suben a las redes fotos cuando reciben su Ualá, que para muchos es la primera tarjeta prepaga a la que pueden acceder. El efecto multiplicador se da por el boca a boca y un fuerte trabajo de marketing en redes sociales.

Todas las consultas e inquietudes de los usuarios son respondidas por el personal de Ualá. El propio fundador, de 32 años, es muy activo en su cuenta de Twitter. “Una vez un cliente me dijo ‘la verdad es que no me resolviste el problema, pero nunca había visto a un CEO de un banco respondiendo algo’”, cuenta el joven emprendedor. Además, abrieron un blog con contenidos de educación financiera.

El 70% de los usuarios de Ualá tienen menos de 30 años, pero cada vez se suman personas de mayor edad. Un 6% son extranjeros que encontraban trabas para abrir cuentas bancarias en el país. También creció mucho el número de clientes bancarizados que deciden operar con Ualá, ya sea porque la tarjeta tiene un FX más bajo por gastos en el exterior, para darle la mensualidad a sus hijos sin recurrir al efectivo, o para abonar servicios a personas que usan la app. La tasa de activación de las tarjetas es casi el triple de la que poseen los bancos. El 90% del dinero que se carga en Ualá se gasta en el mes. “Yo quiero que el día de mañana cobres tu sueldo en Ualá y que no tengas que ir a otro lado para proteger tus ahorros. Quiero que tu vida financiera pase por Ualá”, afirma Barbieri.

Ualá trabaja con 153 empleados, de los cuales 30 tienen acciones en la empresa (“es la mejor forma de atraer y retener el mejor talento”, dice el fundador) y sigue con planes de expansión. Barbieri sostiene que aún están lejos de alcanzar la rentabilidad, pero que ya cubren todos los salarios (la monetización surge de las comisiones por el uso de la tarjeta y de la carga de celulares y servicios). Desde Ualá quisieron saber la opinión de los usuarios sobre la opción de convertirse en banco: “Una fintech alemana que hizo lo nuestro se convirtió en banco cuando llegó a un millón de usuarios y el nivel de confianza subió. En Argentina hicimos el research y la confianza bajó. La gente prefiere que no seamos banco”.

Endeavor Argentina

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