Emprendimientos que innovan

Globant, Inmunova, Digital House, Agrofy, Tecnovax. Cinco emprendimientos con propuestas innovadoras que derribaron preconceptos e interpelaron los sectores en los que operan. Leé el artículo completo acá.

Publicado originalmente en la edición n°18 de Eye to Eye, de PWC.

Apalancado en el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías, el gen emprendedor, ese carácter que combina creatividad y audacia, tiene el potencial para cambiar las reglas del juego de un sector o borrar los límites entre industrias. “Hoy se trata de romper todo lo que hay para armar algo nuevo”, dice Martín Migoya, CEO de Globant, la compañía líder en el desarrollo de tecnología digital.

“Con su evolución exponencial, la tecnología ofrece a los espíritus emprendedores un poderoso driver para experimentar y testear sus ideas, extrapolando modelos exitosos entre negocios e industrias -comenta Sebastián Azagra, socio de PwC Argentina-. Hasta hace pocos años era difícil imaginar al e-commerce fuera de ciertos sectores como el retail, sin embargo, desde Rosario un grupo de emprendedores crearon un Marketplace para todas las categorías del agro que hoy tiene presencia en diversos mercados extranjeros”.

La disrupción marca el ritmo de los nuevos negocios: científicos que se convierten en empresarios, emprendedores que dan cátedra para fomentar el conocimiento innovador, hacedores que con perseverancia digitalizaron el comercio agrícola, o biólogos que encontraron un diferencial revolucionario para las vacunas veterinarias. Son emprendedores que supieron detectar oportunidades y afrontar los desafíos con una mirada creativa que les permitió crecer e impactar su propio sector.

“La visión del emprendedor es singular. No son pocos los casos emblemáticos que surgieron en contextos críticos, como el 2001, cuando el sentido empresario más conservador indicaría que es un momento muy difícil para iniciar un negocio -señala Paulo Caratti, socio de PwC Argentina especialista en transformación digital-. Por eso es deseable que desde el Estado se siga trabajando para promover un marco de contención y desarrollo del ecosistema emprendedor, como también es destacable el fortalecimiento de nuevos sectores, como el del Conocimiento, a través de la ley sancionada este año”.

Estas son las historias de Globant, Inmunova, Digital House, Agrofy y Tecnovax, cinco grandes apuestas que dejaron huella en sus industrias.

Globant, reinventando el negocio de los demás

La compañía que transforma a otras compañías nació con la idea de dar servicios al mundo, cuando nadie se lo planteaba en nuestro país. De los cartones microcorrugados al IPO en la Bolsa de Nueva York, la historia de Globant con la mirada de Martín Migoya.

Comenzaban los años 90 y un estudiante de ingeniería, amante de la música, buscaba solucionar una interfase para conectar todos sus instrumentos a la vez. En el intento encontró un posible negocio, pero cuando empezó a desarrollarlo con su socio, entendieron que el camino era otro. Así fue como Martín Migoya y Néstor Nocetti se reconvirtieron y armaron un negocio de venta de cartón microcorrugado, que luego escaló a la venta de papel color para fotocopias láser.

Casi 10 años más tarde, se sumaron Martín Umarán y Guibert Englebienne, y formaron una compañía que hoy tiene 11.000 empleados, oficinas en 46 ciudades del mundo y factura millones: Globant.

Este unicornio argentino nació con la idea de proveer servicios al mundo. Sus fundadores entendieron que países como el nuestro habían formado talento a lo largo de dos décadas y ahora eran capaces de proveer servicios a cualquier parte del mundo. Con esta premisa, la compañía arrancó jugando en las ligas mayores, en mercados como Estados Unidos e Inglaterra. “Así lo hacen los que tienen éxito, apuntamos a esos países”, señala Migoya a eye to eye. “Nos costó, pero entendimos que las cosas buenas llevan su tiempo, y Globant, que empezó chiquito, siempre pensó en grande, sabiendo que hay un mercado que es inacabable”. Hoy, el 97% de la facturación proviene del exterior.

“Nuestro principal valor es un gran know how para realizar transformación digital y cognitiva”, destaca el cofundador de Globant. “Tenemos la capacidad de hacer proyectos transformadores, tenemos el equipo, la escala y la cultura para reinventar el espacio de los servicios profesionales de tecnología en el mundo, y tenemos el mercado. Podemos soñar todo lo grande que queramos”. Migoya plantea que uno de los diferenciales que hizo que Globant sea una de las principales compañías del mundo en su sector es que lograron “entender el negocio” de sus clientes: “Antes pedían soluciones conectadas con la eficiencia de los costos, hoy se trata de romper todo lo que hay para armar algo nuevo”.

Apasionado, el exitoso emprendedor apunta a que nadie en su compañía se quede en su espacio de confort, y que todos tengan la capacidad de innovar. “Nosotros no somos una compañía de ingenieros, sino que somos una compañía donde hay ingenieros, diseñadores, innovadores, especialistas en producto, consultores, gente que tiene un bagaje y un entendimiento de los negocios de nuestros clientes que es único”.

Precisamente, un factor clave que impulsó el crecimiento internacional de Globant y lo llevó a transformar una gran diversidad de organizaciones -entre ellas, la policía de Londres-, es que primero se propuso transformar las vidas de sus propios recursos. “Entendimos hace muchos años que la gente que está en este negocio necesita cambiar”, afirma.

Con esta visión, la compañía ofrece y estimula a sus empleados a crecer profesionalmente apuntando al cambio: a cambiar las industrias que atienden, a cambiar de carrera en términos tecnológicos, “alguien que está trabajando sobre una tecnología y quiere pasar a otra”, a cambiar de sector dentro de la compañía y hasta de ciudad: “Se pueden ir a cualquiera de las oficinas en las 40 ciudades del mundo”, destaca Migoya. “Todo esto está soportado por la estructura de Globant, porque entendemos que trabajar acá es un túnel del tiempo para la carrera y porque profundizamos nuestra cultura, que está basada en la innovación”.

Después de haber transformado cientos de compañías y haber sido la primera de Latinoamérica con su perfil en hacer un IPO en la bolsa de Nueva York, Globant mira hacia adelante y se plantea nuevas apuestas: “Las mujeres están subrepresentadas en esta industria y eso es algo que tiene que cambiar. Las empresas no pueden no pensar en el medio ambiente, ya sea por altruismo o competitividad; en nuestro caso buscamos consumir energía renovable y compensar la huella de carbono”, explica el ejecutivo.

Son proyectos con una visión sustentable: “El futuro de las compañías no va existir si no empezamos a pensar como líderes en un impacto para todos: los accionistas, los empleados, las comunidades y el medio ambiente”, advierte Migoya. “Y los empleados del futuro no van a querer trabajar en una compañía que no tenga como propósito hacer un lugar mejor”.

Inmunova, conocimientos y tecnología para salvar vidas

Formados en los mejores laboratorios locales y extranjeros, se reunieron con una idea guía: trascender, romper la barrera que existía en la Argentina para que los científicos pudieran generar trabajo de calidad. Lo habían visto en el mundo, tenían la posibilidad de hacerlo en cualquier otro lugar del Planeta, pero decidieron quedarse.

Así lo entiende Linus Spatz, biólogo y científico, quien junto a Dan Kaplan y Fernando Goldbaum fundaron Inmunova, una empresa de biotecnología dedicada a la investigación y el diseño de una nueva generación de medicamentos destinados a brindar respuestas terapéuticas a enfermedades huérfanas. Hoy, diez años más tarde, están cerca de lograr un medicamento que podría frenar el síndrome urémico hemolítico, una enfermedad que afecta a millones de niños en todo el mundo.

“Nosotros veíamos que los científicos argentinos teníamos muy buena presencia internacional, pero que en nuestro país no nos consideraban como una fuerza capaz de generar empresas y trabajo, -recuerda Spatz-. “Nuestra intención fue la de aplicar el conocimiento de los laboratorios a un sector productivo”.

Spatz y Kaplan conocieron a Goldbaum, quien tenía una plataforma “interesante, desde el punto de vista inmunológico”, porque podía servir para generar vacunas o para producir una generación de anticuerpos. Y así comenzó a gestarse Inmunova. “Empezamos con una idea, un concepto. Goldbaum tenía financiamiento a través de una beca, pero para transformar su proyecto en la base de una compañía había que trabajar bastante. Unos años después, había pruebas suficientes para pedir subsidios, tanto públicos como privados, o ir a buscar inversores”, señala este biólogo de hablar pausado.

Pero como todos los emprendedores, debieron sortear varias barreras. La primera, ser científicos y empresarios. “Ser biólogo y empresario es una frontera que existía en la Argentina, pero no es así en los países más desarrollados”. La segunda barrera también era externa: los inversores. En los países desarrollados es política de Estado generar los primeros apoyos económicos a este sector, pero en la Argentina no parecía ser lo más simple. Así que definieron un perfil de empresa que los diferenciara, en un sector en donde las multinacionales son las que marcan el ritmo.

“Inmunova tenía varias pruebas de conceptos en biotecnología; como el riesgo es alto, se realizan varios programas en paralelo. A partir de esto, buscamos un nicho, una oportunidad, y en el área de humanos nos enfocamos en las enfermedades que se llaman huérfanas, para las que todavía no hay ningún medicamento disponible, como el hantavirus o el síndrome urémico hemolítico. En este último es donde avanzamos bastante”, explica el cofundador de la compañía.

Con las primeras pruebas, se acercó la multinacional Chemo, que proveyó el capital de trabajo sin restricciones. Con el conocimiento de sus científicos y el capital ángel, Inmunova desarrolló un suero con anticuerpos que bloquea la toxina del síndrome e inició “un programa de desarrollo clínico bastante ambicioso en Argentina, que en su diseño final incorporó sugerencias de las autoridades reguladoras de nuestro país, Estados Unidos y Europa, porque los resultados se presentarán también allí para su aprobación. Ya entramos en la última etapa, la de los ensayos”, informa Spatz. De obtener buenos resultados, estos emprendedores serán los primeros en 200 años en lograr que un medicamento biológico salga del sistema científico argentino.

Como sucede con los emprendedores, no solo el modelo de pensamiento del negocio es disruptivo, sino también el formato de la compañía. Tanto es así que Inmunova se presenta como una organización de 25 personas, donde 23 son científicos. Para los socios, la compañía es “un sueño que se va completando. Luego, de años de investigación estamos a punto de lograr algo que tenga impacto en la gente y, en especial, en los chicos. Que algo que se desarrolló en el sistema científico local pueda contribuir así es único, impagable”, asegura Spatz.

Digital House, educación para un futuro independiente

Entendieron que faltaban recursos con competencias digitales y se propusieron crear una masa crítica de conocimiento innovador para lograr impacto en la sociedad y un futuro independiente. Con este propósito nació Digital House, la iniciativa de un emprendedor que busca trascender.

Nelson Duboscq, fundador y director ejecutivo de Digital House, logró que Bono, la voz de U2, invirtiera 20 millones de dólares en su escuela de programación, a través de un fondo de inversión. Pero no menciona este dato anecdótico en la charla con eye to eye. Ahora mira hacia adelante, pensando cómo hacer crecer su nueva empresa, que en apenas tres años pasó de ser una generadora de cursos a tener una carrera en la Universidad de San Andrés.

“Notábamos que, si querías tomar personal para marketing digital o programadores, no había recursos. Fuimos a ver cómo hacía Globant, y todos me recomendaban reunirme con Mariano Wechsler, un enamorado de dar clases. Así que lo armamos. Empezamos a pensarlo en 2015 y en 2016 lanzamos nuestro primer curso con 60 alumnos”, repasa Duboscq.

Apenas tres años más tarde, Digital House se posiciona como una organización educativa que desarrolla competencias digitales para que generen impacto en la sociedad. Con este objetivo, ofrece capacitaciones bajo una metodología innovadora basada en la práctica. Su propuesta académica world class se compone de programas de capacitación al público en general, en las habilidades digitales más demandadas del momento. En simultáneo, dicta una serie de programas ejecutivos para directivos, gerentes, profesionales y emprendedores, y brinda cursos in company diseñados a la medida de las necesidades de las empresas. También cuenta con una Licenciatura en Negocios Digitales que imparte junto a la Universidad de San Andrés, y una unidad llamada DHSchool, a través de la cual escuelas y colegios enseñan a sus alumnos asignaturas vinculadas a lo digital, desde quinto grado del nivel primario y hasta el último año del secundario. Digital House cuenta con dos campus en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y uno en San Pablo, Brasil, además de numerosas sedes en el interior de Argentina.

Duboscq, el emprendedor que se embarcó con Digital House pensando en hacer algo “que trascienda”, hoy asegura que la educación tiene que avanzar en este camino: “Hace unos años, te recibías de perito mercantil y podías ser gerente de un banco. Ahora tenemos que crear bachilleratos digitales o ingeniería informática, porque los cambios son rápidos y profundos. No hay más que recordar la frase del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, cuando dijo que no hay que jugar con el teléfono, hay que usarlo para crear”.

Al respecto, Duboscq anticipa que, en un futuro próximo, el país que logre independencia “será aquel que pueda pasar de usar tecnología a crear tecnología”. Y, con la experiencia de haber surfeado todas las crisis desde el 2000 en adelante, remata: “Si sos usuario, sos dependiente. Cuando empezás a entender y a crear, empezás a independizarte”.

Junto a Duboscq, figuran como socios ejecutivos Sebastián Mackinlay y Mariano Wechsler. Y a este equipo se suman Eduardo Bruchou, Diego Pando, Marcos Galperin, Carlos Rohm, Martín Migoya, Guibert Englebienne, Nicolás Berman, Hernán Kazah, Luis Saguier, Nicolás Szekasy, John Rogers, Brian Dunlap. Linda Rottemberg y Pierre Omidyar, como socios.

Todos apuntan a generar un polo de conocimiento y todos son emprendedores con interés en crear una masa crítica de conocimiento innovador. Pero quizás el aprendizaje más importante que tiene Duboscq es el que lo hace sobrellevar estos tiempos de crisis: “Hay un montón de gente que tiene buenas ideas, lo que hace la diferencia es ponerse a trabajar -asegura-. Uno entiende que en este contexto es difícil, pero hay que estar preparado. Para emprender uno tiene que estar mentalmente libre, entendiendo que estás haciendo las cosas bien, que tenés todos los valores intactos y que podés chocar, pero no pasa nada; no cambia tu ego ni tu familia. Es importante entender esto; si no, te quedás sin hacer nada, porque a veces la realidad es ‘mata sueño’”.

Agrofy, un marketplace global para el agro

Probaron en 1999 y fracasaron en 2002. Se reconvirtieron, esperaron su momento y en 2014 volvieron a la carga. Hoy, Agrofy es una plataforma internacional con presencia en ocho mercados, y su historia disrumpe uno de los sectores económicos más conservadores del país.

Lo intentaron una vez, cuando el calendario cambiaba de milenio, y chocaron con la crisis económica de Argentina y la de las “punto com” en el mundo. Se rearmaron, reconfiguraron el negocio, esperaron y no se desanimaron. Doce años más tarde lo volvieron a intentar. Con mayor expertise y nuevas herramientas, lo lograron. Hoy Agrofy es la plataforma de agro más visitada en el mundo. “Somos hacedores”, define Alejandro Larosa, MBA de IAE Business School, cofundador junto a Maximiliano Landrein, MBA Magna cum Laude de IAE Business School.

De la mano de Cresud como “ángel”, la compañía con sede en Rosario, provincia de Santa Fe, sigue adelante con importantes planes de expansión en uno de los sectores más tradicionales de la economía local: el campo. “Logramos insertarnos en este negocio porque vimos que el nivel de conectividad del agro es muy alto”, explica Larosa.

Agrofy tiene dos millones de visitantes por día en la Argentina y, si se consideran los otros siete mercados en los que opera -entre los que se destacan Brasil, Colombia y Chile-, suma más de 4 millones de visitas mensuales, lo que la convierte en una de las plataformas de agro más visitadas del mundo.

Sin embargo, para llegar a esta foto, Larosa y Landrein tuvieron que sobreponerse. En 1999 estos emprendedores fundaron fyo (Futuros y opciones.com), la primera empresa del agro de la Argentina con el objetivo de desarrollar un marketplace de granos e insumos con Internet como plataforma. “El modelo no funcionó, nos agarraron las crisis de Internet y de la Argentina, y para salvar la compañía migramos el modelo a servicios comerciales y financieros para la cadena de valor del agro”.

Esa situación no los desanimó. “Seguimos el desarrollo de Internet en el sector, y en 2014 pensamos que el mercado estaba maduro como para crear una plataforma global que conectara a productores con empresas en todas las categorías del agro. Cuando fundamos fyo fue pre smartphone, no había redes sociales, Google no existía y era un desarrollo distinto. Pero lo que nos inspiró fue que veíamos que el agro venía muy retrasado en cuanto a la digitalización. Apostamos a eso y decidimos fundar una nueva empresa, con el objetivo de desarrollar el comercio electrónico en el agro, en todas las categorías”, explica el presidente de Agrofy.

Hoy, el 60% del tráfico de Agrofy proviene de teléfonos inteligentes, “lo que demuestra que los productores se conectan desde cualquier lugar, no solo desde su oficina”. Y la plataforma cuenta con más de 100.000 productos listados en las categorías que opera. “Esa cifra se va a duplicar en los próximos seis meses, porque las empresas del agro están buscando desarrollar el canal digital como una forma de llegar a los productores”.

Esto desmitifica que el campo argentino sea un sector conservador, desde el punto de vista de los negocios. Antes bien, los titulares de Agrofy señalan que el productor “adopta tecnología muy rápido cuando le encuentra el sentido”. Para Larosa el productor local “es un sobreviviente, un emprendedor, que busca la manera de mejorar sus negocios, y está abierto a testear diferentes herramientas”; pero para adoptarlas, reitera: “Tiene que haberle encontrado sentido”.

Larosa y Landrein se reconocen como emprendedores, porque se consideran “hacedores, personas que tienen mucha resiliencia -la capacidad para superar circunstancias traumáticas, como puede ser el fracaso de un proyecto- y que a pesar de todos los obstáculos igual tratan de hacer que esas ideas se conviertan en realidad”. Frente a esta definición, Larosa señala que “es la segunda vez que intentamos desarrollar una idea, y son momentos distintos: nuestra experiencia es diferente y estamos usando herramientas que hace 15 años no existían. Pero el rol del emprendedor es siempre tratar de hacer que las cosas pasen”.

Tecnovax, creatividad que revoluciona las vacunas veterinarias

Aplicaron conocimiento y creatividad para revolucionar un negocio marcado por multinacionales y laboratorios familiares de larga trayectoria. Hoy facturan 15 millones de dólares al año con vacunas que abarcan síndromes y diversas enfermedades particulares. La historia de cómo Tecnovax pasó de ser un laboratorio boutique a una empresa en plena expansión.

Nacieron en 2003, de la mano de una buena idea. Nicolás y Matías Grosman se reunieron con Diego La Torre, y una semana más tarde habían creado una S.A., Tecnovax. Hoy, 16 años después, la compañía factura 15 millones de dólares anuales en el negocio de la biotecnología aplicada a vacunas veterinarias, compitiendo con jugadores de peso global.

“Siempre fui un emprendedor -comenta Matías Grosman, director de Tecnovax, en un encuentro con eye to eye-. Mientras estudiaba cocina y terminaba mi MBA quise montar una fábrica de alimentos ultracongelados, que no prosperó. En ese momento conocí a Diego, que tenía la idea de llevar adelante un negocio de vacunas para animales”.

El trío contó con el apoyo de dos “ángeles”. Por un lado, el papá de Diego, Dr. José La Torre, un reconocido científico de trayectoria internacional que aportó el conocimiento; y, por el otro, Leonidas Trajtenberg, el abuelo de Matías y Nicolás, un hombre de negocios que aportó capital semilla y su visión de negocios.

Tecnovax comenzó a trabajar en 2003 y, mientras daba sus primeros pasos y contaba con unas pocas vacunas registradas, ocurrió un evento internacional que cambiaría su historia: aparece el síndrome de la Vaca Loca y el Senasa cierra el ingreso de vacunas provenientes del exterior.

“Los laboratorios internacionales empezaron a buscar productores locales, pero se encontraban con que quienes podían desarrollar las vacunas en el país eran sus competidores -explica el cofundador de Tecnovax-. Nosotros habíamos montado una planta boutique en la zona de Flores y nos vinieron a ver de Novartis e Intervet (hoy, MSD). Esta última se llevó una muestra y, a los tres meses, volvieron con un contrato. Teníamos una capacidad para alcanzar el 2% del mercado -hacíamos todo nosotros, envasábamos las vacunas y las despachábamos en Retiro-, y una multinacional nos pedía producir para el 10% del mercado en 9 meses”, recuerda Grosman.

Los fundadores de Tecnovax se acercaron a Endeavor. “Nos abrieron los ojos, nos mostraron que lo nuestro era muy bueno, pero teníamos un solo cliente, y que si ese cliente estornudaba nos íbamos a enfermar”. Y comenzó el segundo hito en la historia de Tecnovax. Viajaron a Uruguay, Paraguay, Brasil, Chile, Perú, para ampliar mercados. “Empezamos a sembrar, pensando en que conseguir las autorizaciones de las vacunas es un camino muy largo”, reconoce el ejecutivo.

Finalmente, sucedió lo que les habían adelantado en Endeavor. La empresa para la que producían se fusionó y apareció un grupo de abogados para rescindir el contrato. “Eso fue un viernes; el fin de semana nos juntamos en la casa de Diego, hicimos un listado de las cualidades de nuestros productos y pensamos la forma de diferenciarnos en una industria donde, hasta ese momento, éramos Matías, Nicolás y Diego, los fabricantes de Intervet”.

Con un producto de excelente calidad, apostaron a recrear una mística. “Implementamos código de colores para los frascos, stickers para las vacunas y una sustancia para que, si se rompe la cadena de frío, el producto cambie de color. Creamos la marca Providian y salimos a buscar clientes”. Con el tiempo, la creatividad dio paso a una compañía de porte que generó un portafolio de productos diferenciados, con la premisa puesta en vacunas que abarquen los síndromes, además de diversas enfermedades particulares. “Esto fue lo revolucionario para el mercado, lo disruptivo”.

Con más de 15 años de trayectoria y la expansión a mercados externos, Grosman repasa con satisfacción la historia de su compañía. “Todo el tiempo miramos para atrás, pero lo hacemos para poder entender lo que hicimos y hasta donde llegamos”. Cuenta que conversa asiduamente con su hijo sobre Tecnovax y la cultura del trabajo “para mostrarle no una empresa, sino lo que una vez emprendí a partir de una idea, haciendo de un sueño una realidad”.

Endeavor Argentina

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