En cinco años, Lebane pasó de vender un contrato sin tener producto a mover más de US$1.500 millones anuales en obras de Argentina y México. Ahora, con pagos y cobranzas integrados, va por algo más grande: ser quien financie directamente a una industria que mueve el 20% del PBI de la región.
Lebane procesa hoy más de US$1.500 millones al año en obras de Argentina y México, a través de una plataforma por la que pasan más de 3.300 proyectos inmobiliarios. Cinco años atrás, antes de que existiera la primera línea de código, ya existía un contrato: tres años de duración, US$6.000 anuales, 10% por adelantado y 180 días para entregar algo que todavía no se había empezado a construir.
Antes de fundar Lebane, Lucas Glustman —hoy cofundador y CEO de la compañía— armó otras tres empresas y pasó varios años en dLocal, la fintech uruguaya que salió a bolsa en Nueva York, donde llegó a liderar la mitad del equipo comercial global.

Lucas Hernan Glustman (CEO), Bruno Lerer (VP of Growth), Diego Sarro (CTO), Matías Podrojsky (General Manager Argentina) y Diego Cabrosi (VP of Product).
Tres reglas innegociables
A mediados de 2023, Glustman volvió de México a Argentina y se compró su primer departamento. De cerca, vio cómo se maneja una obra: todo en Excels sueltos, sin trazabilidad, cada área con su propio criterio. Cuando le preguntó al desarrollador cuánto estaba ganando con el proyecto, no supo responderle.
Esa pregunta sin respuesta terminó de convencerlo. Desde 2021, cuando se cruzó por casualidad con Bruno Lerer (Co-Founder y CBO de Lebane) en el ascensor de un WeWork en México —mientras negociaba un acuerdo para dLocal—, los dos venían juntándose a tomar café para pensar en qué armar juntos. Se habían puesto tres condiciones, nada más: tenía que ser una industria enorme, tenía que generar un cambio que la gente adoptara sin que nadie se lo explicara y tenía que facturar desde el día uno. La industria de la construcción cumplía las tres. Glustman investigó el tamaño del problema: según datos de Mordor Intelligence que cita él mismo, la construcción mueve unos US$700.000 millones al año en América Latina, cerca del 20% del PBI de la región, repartidos entre más de 450.000 empresas. Y cuando buscó quién ya se había metido a resolver este problema de gestión de obra, encontró únicamente a Procore, la compañía que cotiza en Nueva York, factura US$1.500 millones al año y tiene 17.000 clientes —siendo Latinoamérica un mercado que prácticamente no le interesa. Ahí vio el espacio.
Vender antes de programar
Entre octubre y noviembre de 2023, Glustman y Lerer empezaron a mostrarle la idea a desarrolladores y constructoras, antes incluso de tener un producto. Armaron un contrato tipo y le pidieron a cada interesado que ordenara seis módulos según su prioridad, para definir qué construir primero. La regla era simple: si conseguían cinco empresas dispuestas a firmar y pagar por adelantado, construían el producto. Lo consiguieron.
Sumaron a Diego Sarro como CTO y Co-Founder. Diego venía de Datanomik, una startup de open banking en Brasil donde ya había trabajado con Lerer. El primer producto, lanzado entre febrero y marzo de 2024, resolvía lo más urgente: tomaba los Excels de cada cliente y, en 48 horas, los convertía en un tablero con el estado real de la obra. Para septiembre, sin sitio web y a pura recomendación, ya tenían 35 clientes. Entre los primeros estuvo Urban State, que al principio se resistió y hoy es una de las cuentas más fieles de la compañía.
Esa tracción les alcanzó para cerrar una ronda ángel. A través de esa misma red conocieron con el resto del founding team: Diego Cabrosi y Matías Podrojsky, que ya habían construido una herramienta propia para el sector; se sumaron con sus clientes y, en el caso de Cabrosi, con veinte años liderando equipos de tecnología en real estate. A fin de 2024 la compañía facturaba unos US$560.000 anuales; en 2025 cuadruplicó esa cifra, y para 2026 el equipo proyecta triplicarla o cuadruplicarla de nuevo. Hasta el momento, Lebane lleva levantados US$5 millones, entre esa ronda ángel y una posterior en la que entraron Zacua Ventures, Atlántico, Fen Ventures, Galicia Ventures y ADN.vc.
De organizar la obra a mover la plata
Durante sus primeros dos años, Lebane resolvió el orden: presupuestos, contratos, compras, cuentas corrientes, proveedores. El dinero, en cambio, seguía moviéndose afuera, banco por banco. Eso es lo que cambia con el nuevo módulo de pagos y cobranzas: ahora se puede cobrar un boleto de compraventa o pagarle a un proveedor sin salir de la plataforma, con cada movimiento conciliado automáticamente contra la cuenta bancaria. El módulo ya tiene clientes pagando por él.
Para Glustman es apenas el primer paso. Lo que sigue es sumar rendimiento sobre los fondos y pago de servicios, y con eso construir algo que hoy no existe: un historial financiero por grupo económico, más allá de que cada proyecto se arme bajo una sociedad distinta. Con ese historial, la ambición de Lebane deja de ser el software y pasa a ser financiar la obra directamente. Si funciona como lo imaginan, la compañía no va a medir su crecimiento por cuántos proyectos suma a la plataforma, sino por cuáles decide financiar.