En un mercado donde varios marketplaces B2B de la región no lograron sobrevivir, Rintin cerró una ronda de USD 6.2 millones liderada por el fondo mexicano Cometa. Detrás del capital hay una apuesta más específica: llevar tecnología a comerciantes informales que el sistema financiero tradicional nunca miró, y ganarse la confianza necesaria para que esa tecnología sirva de algo.
Para reponer mercadería, un comerciante informal en México todavía tiene que cerrar su changarro, viajar horas hasta el mercado mayorista más cercano, cargar el efectivo necesario para pagar ahí mismo, en un entorno donde el fraude es moneda corriente. Y después, volver como pueda, con la mercadería a cuestas. Si además quiere comprar más de lo que puede pagar en el momento, no tiene a quién pedirle crédito: en América Latina, la penetración de financiamiento formal es una de las más bajas del mundo, y este segmento —que representa más del 55% de la fuerza laboral en México— es prácticamente invisible para la banca tradicional.
Gastón Greco, cofundador de Rintin, conoce esa lógica de memoria. Creció en el Chaco, en el norte de Argentina, y de chico acompañaba a su padre de distribuidora en distribuidora buscando el mejor precio, comprando solo lo justo para poder abrir ese día. “Cuando todo depende del efectivo, terminás dedicando tu tiempo a sobrevivir en lugar de hacer crecer el negocio”, dice.
Esa lógica de subsistencia es la que Greco decidió atacar años después, ya en México junto a su cofundador y emprendedor serial: Quinto Van Peborgh. Quinto es economista, con un MBA en Columbia y un paso por el venture capital financiando compañías que Greco, desde Buenos Aires, miraba de lejos mientras armaba su propia marca de zapatillas, Posco. La marca con la que unos años después le calzó los botines a la Selección argentina campeona del mundo, que Greco le entregó en persona a Messi y Di María en Ezeiza. Este par de founders se conoció en Nueva York, poco antes de la pandemia, en una boda de amigos en común. Probaron primero con una idea más chica —un marketplace que conectaba tienditas de la Ciudad de México con marcas de Instagram—, pero pronto entendieron que ese negocio no alcanzaba: si querían construir algo grande, tenían que apuntar a los puestos de la calle, no a las boutiques.
Así nació Rintin, una plataforma B2B impulsada por inteligencia artificial que conecta directamente a pequeños comerciantes y retailers mexicanos con fabricantes e importadores mayoristas, sin intermediarios. Esta semana, la compañía anunció el cierre de una ronda de USD 6.2 millones liderada por Cometa.
Vender confianza antes que vender online
Antes de escalar la plataforma, viajaron al interior de México —a Oaxaca— para probar si la misma lógica que habían visto funcionar en Argentina se repetía ahí. Sin saberlo, un amigo de Gastón del Chaco le contó que vendía miles de pares de zapatillas por día a través de grupos de WhatsApp, cobrando siempre contra entrega. Cuando Rintin probó el mismo esquema con comerciantes mexicanos, funcionó igual. Hoy esa red suma 50 grupos de WhatsApp, con más de 50.000 emprendedoras activas que validan productos, comparten experiencias y generan lo que la compañía llama un círculo virtuoso de confianza y demanda.

Ese mismo criterio explica por qué, en el reparto, Rintin combina paqueterías tradicionales como FedEx y Estafeta con soluciones locales poco convencionales: un colectivo pintado como el del Chavo del Ocho que llega a zonas de Oaxaca donde ninguna de las dos anteriores lo hace. Greco cuenta que una vez se olvidó la billetera en un hotel durante un viaje de trabajo y le pidió al chofer de ese colectivo que se la retirara. Se la trajo. “Es confianza”, resume: en un mercado que no tiene motivos para creerle a una plataforma nueva, cada entrega cumplida vale más que cualquier campaña.
“Desde el primer día entendimos que la tecnología solo genera valor cuando está acompañada por la confianza. Y esa confianza se construye estando cerca de nuestros clientes, resolviendo problemas reales y cuidando cada punto de su experiencia”, dice Van Peborgh.
Hoy, ese trabajo se tradujo en números: más de 12.000 emprendedoras ya compraron a través de Rintin, con más de USD 2 millones en créditos otorgados y más de 15.000 SKUs disponibles en el catálogo. “Cuando una comerciante toma crédito, la retención crece hasta ocho veces”, dice Van Peborgh. “Ese es el número que ordena todo lo demás”. El modelo combina cuatro capas —abastecimiento mayorista, crédito embebido, logística nacional y herramientas de venta digital—, todas potenciadas por inteligencia artificial: desde el scoring crediticio de comerciantes sin historial financiero formal hasta la generación automática de catálogos e imágenes para vender.
Cada cliente, además, tiene algo que hasta hace poco era privilegio de los negocios grandes: un vendedor propio. Un agente de IA le escribe por WhatsApp, le recomienda qué reponer según lo que compró y cuándo, y le hace el seguimiento — a escala de miles de comerciantes a la vez.

Adriana Ruiz, Oaxaca, recibiendo su pedido
Levantar capital cuando el resto del sector se caía
El anuncio de Rintin llega en un momento particular para los marketplaces B2B de la región: en los últimos años, varios modelos con mucha logística de por medio no lograron sostenerse, golpeados por márgenes muy ajustados, costos de importación en alza, volatilidad cambiaria y la necesidad constante de nuevas rondas para financiar la operación.
Greco es honesto sobre lo que le tocó atravesar a Rintin antes de esta ronda: describe el período previo como de “optimización extrema”, en un mercado con poco capital disponible para este tipo de modelos. La diferencia, dice, está en que Rintin no depende únicamente del margen de la logística: la capa de crédito embebido y la comunidad construida en torno a la confianza funcionan como un colchón que los negocios puramente logísticos no tienen.
Y hay una tercera pata, que es la que sostiene a las otras dos: la inteligencia artificial. Rintin resolvió con modelos lo que la mayoría resuelve contratando gente —adquisición, atención al cliente, categorización de catálogo, decisiones de crédito— y eso le permitió sostener el crecimiento con una estructura mucho más liviana que la que ese crecimiento habría exigido.
En ese contexto cerraron la ronda de USD 6.2 millones liderada por Cometa, con participación de Newtopia VC, Latin Leap, Amador Holdings y FJ Labs, además de inversores ángeles como Guillermo Rauch (Vercel), Guibert Englebienne (Globant), Adolfo Babatz (Clip), Adalberto Flores (Kueski), Josh Silverman (Etsy), Matías Woloski (Auth0), Agustín Soler y Mariano Battan (Mural), y James Gutierrez (Oportun). Entre ellos hay fundadores de unicornios como Vercel y Auth0 —ambos argentinos— y Clip, en México; Babatz, Woloski y Englebienne son, además, parte de la red de emprendedores Endeavor.
Lo que se viene
Con esta inversión, Rintin planea escalar su marketplace, aumentar la penetración de su producto de crédito entre sus clientes, sumar fabricantes e importadores al catálogo y optimizar los tiempos de entrega de su red logística, además de seguir desarrollando herramientas de venta y gestión con inteligencia artificial.
A principios de este año, Rintin fue seleccionada para formar parte del programa ScaleUp de Endeavor. Para Greco, que empezó viendo a su padre resolver el día a día con el efectivo justo, la ronda no es el final de la historia sino el “boost de energía” después de la etapa más dura: la de construir, changarro por changarro, la confianza que ninguna plataforma puede comprar de entrada.