Nació en 2022 para ayudar a freelancers y trabajadores remotos a cobrar dinero del exterior en un contexto donde las alternativas eran limitadas. Cuatro años después, Takenos está cerca de alcanzar el millón de descargas, opera en varios países de América Latina, levantó más de US$10 millones y convirtió a Bolivia en el mercado que redefinió su estrategia de expansión.
Cada vez más personas trabajan para empresas de cualquier parte del mundo. Sin embargo, cobrar esos ingresos, mover el dinero entre países o simplemente utilizarlo en la vida cotidiana sigue siendo un proceso complejo para millones de latinoamericanos.
Ese fue el problema que identificaron los fundadores de Takenos en 2022. Mientras el trabajo remoto crecía aceleradamente después de la pandemia, las soluciones para quienes cobraban desde el exterior seguían siendo costosas, burocráticas o poco adaptadas a la realidad de la región.
Lo que comenzó como una forma de resolver esa necesidad terminó convirtiéndose en una plataforma financiera con presencia regional. Pero el camino estuvo lejos de ser lineal: empezó sin aplicación, atravesó momentos de enorme incertidumbre y encontró, casi por casualidad, una oportunidad que cambiaría por completo el rumbo de la compañía.

La solución llegó antes que la plataforma
Cuando Takenos dio sus primeros pasos no existía una aplicación, una plataforma ni una estructura consolidada. Durante los primeros meses, la empresa funcionó exclusivamente a través de WhatsApp.
Los usuarios enviaban sus fondos a cuentas indicadas por el equipo y las operaciones se realizaban de manera manual utilizando stablecoins, una tecnología que entonces todavía era incipiente, pero que les permitía resolver un problema concreto: facilitar transacciones internacionales de una forma mucho más simple que los canales tradicionales.
“Identificamos un nicho que no estaba siendo abordado y un problema que seguía creciendo”, recuerda Simón Bouché, cofundador de Takenos.
La oportunidad tenía mucho que ver con las propias experiencias de los fundadores. Algunos habían trabajado para empresas del exterior y conocían de primera mano las dificultades para cobrar y mover dinero entre distintos países. Otros habían visto ese mismo problema repetirse una y otra vez entre freelancers, contractors y profesionales que empezaban a trabajar de forma remota.
El desafío inicial tampoco era tecnológico.
Era construir confianza.
Los primeros usuarios llegaron a través de amigos, conocidos y recomendaciones. Sin una marca consolidada ni inversión detrás, cada operación exitosa ayudaba a fortalecer una reputación que crecía principalmente por el boca en boca.
Resolver primero el problema y construir después la plataforma terminó definiendo la cultura de la empresa. Antes que desarrollar un producto lleno de funcionalidades, el foco estuvo puesto en entender qué necesitaban realmente los usuarios y encontrar la forma más simple de resolverlo.
Crecer en medio de la incertidumbre
A medida que Takenos comenzaba a crecer, también aumentaban los desafíos.
Durante los primeros años, la empresa tuvo que cambiar en varias oportunidades los proveedores con los que operaba internacionalmente. En algunos casos, esos cambios implicaban volver a empezar prácticamente desde cero, mientras los usuarios esperaban respuestas y el equipo buscaba alternativas para mantener el servicio funcionando.
“Fue como morir y renacer varias veces”, resume Bouché.
Lejos de frenar el crecimiento, cada obstáculo terminó fortaleciendo la operación. La experiencia les permitió construir procesos más sólidos y entender mejor un negocio donde la confianza resulta tan importante como la tecnología.
Uno de los primeros hitos llegó con el ingreso de 500 Global como inversor institucional a través de su programa de aceleración. Más que el capital, el acompañamiento les permitió profesionalizar procesos, ordenar métricas y fortalecer la credibilidad de la compañía frente al mercado.
Con el tiempo llegaron nuevas rondas de inversión. En 2025 Takenos levantó una ronda seed de US$5 millones y, pocos meses después, una extensión de casi US$5 millones que le permitió acelerar su expansión regional y seguir desarrollando nuevos productos tanto para personas como para empresas.
Pero mientras la empresa ganaba estructura, todavía quedaba por resolver una pregunta clave: ¿dónde crecer?
Como muchas startups latinoamericanas, el primer impulso fue mirar hacia México y Brasil. Parecían los mercados naturales para escalar. Sin embargo, la respuesta terminaría apareciendo en otro lugar.
Ni México ni Brasil: fue Bolivia
Mientras el equipo analizaba oportunidades de expansión, comenzó a detectar un crecimiento orgánico de usuarios en Bolivia.
Al investigar qué estaba ocurriendo, encontraron un escenario que les resultaba familiar: restricciones para acceder al dólar, una creciente demanda por soluciones financieras más ágiles y la necesidad de realizar pagos internacionales de forma simple.
Con los aprendizajes acumulados en Argentina, decidieron apostar por ese mercado.
La decisión terminó cambiando la historia de la empresa.
Takenos adaptó su estrategia al contexto local, trabajó con creadores de contenido, ajustó su comunicación y entendió rápidamente que construir confianza requería mucho más que una buena aplicación. Los usuarios querían tarjetas físicas, necesitaban una presencia local e incluso valoraban poder acercarse a una oficina si surgía algún problema.
La fintech terminó abriendo un espacio de atención presencial en Bolivia, algo que nunca había formado parte del plan original.
La respuesta superó todas las expectativas. Bolivia se convirtió en el principal motor de crecimiento de Takenos y la aplicación llegó a posicionarse como la más descargada del país. Hoy, la compañía está cerca de alcanzar el millón de descargas y ese mercado se transformó en el punto de partida para una nueva estrategia de expansión regional.
Pero el mayor aprendizaje fue otro.
En lugar de concentrarse exclusivamente en los mercados más grandes de la región, Takenos comenzó a desarrollar una estrategia enfocada en mercados desatendidos, donde existían menos competidores, necesidades más claras y mayores oportunidades para generar impacto.
Ese aprendizaje se convirtió en un playbook para las siguientes expansiones. Hoy la compañía tiene foco operativo en Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador, mientras continúa ampliando su presencia en otros mercados de América Latina y desarrolla nuevas soluciones tanto para individuos como para empresas.
Mirando hacia adelante, el objetivo sigue siendo el mismo que dio origen a la empresa: simplificar la manera en que las personas y las empresas mueven dinero entre distintos países.
Solo que, esta vez, ya no lo hacen solo a través de un chat de WhatsApp.