El fundador de Remitee comparte una mirada honesta sobre liderazgo, preparación y las decisiones que definen el camino emprendedor.
Para Sergio Saravia, emprender no fue un impulso repentino ni una moda tardía. Fue una convicción que empezó mucho antes de tener las herramientas, el capital o incluso el lenguaje para nombrarla. Hijo de padres migrantes bolivianos, criado en Neuquén, su historia personal explica buena parte del mindset con el que hoy lidera Remitee, una compañía de infraestructura embebible para pagos internacionales.
Saravia suele decir que, si uno tuviera que elegir una imagen para representar al emprendedor, esa imagen sería la de un migrante. No como metáfora romántica, sino por tres razones concretas: salir de la zona de confort, empezar con pocos recursos y buscar un impacto que trascienda lo individual. Exactamente las mismas variables que atraviesan a quien decide fundar una empresa desde cero.
La claridad del “para qué” antes que el “cómo”
A los 17 años, horas antes de subirse a un micro rumbo a La Plata para inscribirse en la universidad, Saravia sabía que quería tener su propia empresa, pero no sabía cómo llegar ahí. Dudaba entre carreras tradicionales —medicina, derecho— con una lógica bastante simple: estudiar, ganar dinero y recién después emprender.
Una conversación casual con un joven ingeniero cambió ese recorrido. La pregunta fue directa: ¿qué pasa si llegás a los 35 con plata, armás una empresa y no sabés manejarla? La respuesta implícita fue aún más potente: primero había que aprender cómo funcionan los negocios.
Ese día se inscribió en Administración de Empresas. No porque fuera un plan perfecto, sino porque tenía claro el destino. Para Saravia, ese orden es clave: el “cómo” siempre aparece en el camino, pero sin un “para qué” claro, la probabilidad de avanzar se diluye.
Practicar antes de saltar
Su recorrido profesional: PagoFácil, la adquisición por parte de Western Union, roles regionales, fusiones y adquisiciones, manejo de estructuras complejas en contextos volátiles, no fue casual. Fue, en sus palabras, una forma de “practicar” para el día que le tocara emprender.
Lejos de repetir procesos por inercia, Saravia buscó sistemáticamente cambiar la forma de hacer las cosas, probar combinaciones nuevas, entender que no hay un único camino para llegar a un resultado. Esa curiosidad operativa, más que los cargos, fue lo que terminó de prepararlo.
“Mirándolo en retrospectiva, me pagaron por aprender”, resume. Y esa lógica hoy la traslada a su propio equipo en Remitee como un espacio donde se puede experimentar, equivocarse con método y construir criterio.
Soltar la identidad corporativa
Uno de los quiebres más complejos no fue económico ni técnico, sino de identidad. Pasar de ser “Sergio de Western Union” a simplemente Sergio. Entender que muchas puertas se abrían por el apellido corporativo y que, al emprender, esa validación desaparece.
Rechazó una posición como CEO regional dentro de la corporación, con más poder, más ingresos y un MBA pago, para elegir el camino estadísticamente más riesgoso: renunciar, financiar su formación y empezar de cero. No porque no viera el riesgo, sino porque sabía que postergar indefinidamente esa decisión era, en sí misma, una forma de renunciar.
El músculo que la corporación no entrena
Saravia es claro en una distinción clave: el mundo corporativo forma excelentes profesionales, pero no siempre desarrolla la tolerancia a la presión extrema que exige el emprendimiento. Emprender implica operar sin recursos asegurados, sin defensas estructurales. Convencer cuando no hay marca detrás, resistir cuando las probabilidades no juegan a favor.
No todos los perfiles están hechos para eso, y reconocerlo también es parte del mindset emprendedor. Para quienes sí lo están, la preparación previa no elimina el riesgo, pero aumenta las chances de atravesarlo con criterio.