La emprendedora que se animó a buscar respuestas

Se llama Agustina Fainguersch y es cofundadora y CEO de Wolox, una empresa que ayuda a otras a transformarse digitalmente. Ella participó de la Experiencia Endeavor Buenos Aires 2019 y compartió cómo superó los desafíos de su carrera y por qué creer siempre es lo que vale más. Mirá la nota completa acá.

Hace 8 años, un grupo de estudiantes de ingeniería informática creó Wolox con el sueño de ser el partner de tecnología de todos aquellos emprendedores con grandes ideas. Hoy la empresa cuenta con más de 400 empleados -o woloxers como les dicen- en distintos países de la región y los Estados Unidos.

“Lo que hacemos a ayudar a empresas de distintos tamaños a transformarse digitalmente”, explicó Agustina y continuó relatando su charla, compartiendo los aprendizajes que tuvo a lo largo de su carrera como emprendedora.

“Mi primer aprendizaje fue ser resiliente. Aprendí a no bajar los brazos porque la vida emprendedora siempre te tumba. Y uno tiene que aprender a volver a levantarse. Yo tenía el sueño de pisar Sillicon Valley y de entender que podíamos ser una empresa global.” Así fue como Agustina convenció a dos socias a ir y ver de qué se trataba. Como muchos emprendedores que visitan “la meca de la tecnología” por primera vez, en su mente la soñadora imaginaba una avenida gigante llena de rascacielos de importantes marcas. Pero no fue así. Para llegar de una reunión a otra tardaban más de 40 minutos y teníamos que caminar cuadras y cuadras, alrededor de edificios que lejos de tener carteles gigantes, estaban numerados de una forma difícil de encontrar.

En esta línea, las tres emprendedoras aprovecharon su viaje al máximo y armaron una agenda bien completa para cada día. Visitaron empresas de tecnología y reconocidas universidades, como Stanford, aceleradoras y fondos de inversión. “De todas las reuniones que organizamos, había una en especial que me generaba mucha ansiedad. Yo estaba esperando ese día. Era con un inversor que nos iba a hacer una introducción, perteneciente a uno de los fondos de inversión más importantes de allí”, explicó Fainguersch.

Llegado el día, lash icieron pasar y se acomodaron en una sala de directorio gigante, con una mesa para más de 20 personas. “Mientras esperaba, noté que en la pared había una placa con todos los nombres de los emprendimientos a los que habían invertido. Soñaba con que Wolox esté entre esos nombres”, recordó. Puntual entró ese hombre a la sala, emanando conocimiento y experiencia en lo que hacía. Les preguntó por su proyecto y las chcias no habían preparado nada, sólo fueron en busca de consejos. Así fue como tuvieron que conectar sus computadoras e improvisar. “Sacamos una presentación de la galera. Empezamos a contar lo que hacíamos y cada una de nosotras aportaba con lo que más le movía, apoyando la causa. Lo que teníamos era puramente comercial, nada tenía que ver con la presentación que deberíamos haber dado. Cuando terminamos, el inversor nos felicitó y nos hizo 3 preguntas antes de ir”, agregó Agustina.

Esas tres preguntas fueron el punto de partida de su futuro y un cachetazo a la vez. “Nos fuimos y caminamos 5 minutos sin hablar. Todas estabamos de acuerdo de que no estábamos a la altura de las circunstancias. Transité una montaña rusa de emociones”. Y como todo en la vida, había dos opciones delate de sus ojos para elegir. O quedarse en donde habían llegado, con una empresa argentina de 60 empleados, con las ganas de salir al mundo. O ir por más. Al día siguiente, Agustina decidió quedarse a vivir en San Francisco y negaba volver sin tener todas las respuestas. Ella quería aprenderlo todo para sacar a Wolox al mundo.

Sin presupuesto, la emprendedora vivió en el comedor de una casa junto a una familia con dos chicos y un perro.  Seguido a eso, “me puse a averiguar si podía aplicar a una visa, si había alguien del equipo de Argentina que se pudiera sumar a los Estados Unidos y generar los materiales que después íbamos a necesitar para salir a vender nuestra empresa”, explicó Fainguersch. “Me dí cuenta que fue como emprender de nuevo y a la distancia, con 5 horas de diferencia con la Argentina. Me faltaba mi equipo, mi razón de ser en la compañía, y por eso, cada vez que algún emprendedor solitario se me acerca y me presenta una idea, le digo que lo primero que debe tener es un equipo”, añadió.

De ese momento se desprende el siguente aprendizaje que es pensar en grande. Un día, en el medio de una reunión, Agustina recibió un mail de su papá en el que decía: “Agus, ojo que tus sueños pueden hacerse realidad”, respondiéndole a un correo que le había mandado 10 años atrás. Ese envío original trataba de un recuerdo de Agustina, cuando se enteró por primera vez a través de un blogpost lo que era Singularity University, y fue a conocerlo. Esas ganas la llevaron a más a tal punto que se graduó de esa universidad donde conoció a su mentor Pascal Finnet, quien hoy es miembro del directorio de Wolox.

“Entendí que las grandes empresas son grandes y serán grandes, porque cuando fueron pequeñas pensaron en grande. Los invito a que puedan formar sus equipos y a tener al lado a gente que los va a hacer reir cuando se caen. Pero sobre todo, los invito a que aprendan a disfrutar del camino”, finalizó Agustina.

¿Querés ver más? Reviví la charla completa acá.

Endeavor Argentina

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