“No hay ningún país grande que no tenga marcas que lo representen”

La de Gabo Nazar es la historia de un hobby, un estilo de vida y una búsqueda por crear objetos que hablen de una comunidad. El presidente de Grupo Cardón, Cosas Nuestras –que incluye las marcas Cardón, El Noble y Pampero– cuenta por qué es tan importante conocer lo propio para crecer.

¿Cuál fue tu visión cuando decidiste abrir tu primera tienda en 1988?

Más que una visión fue un descubrimiento personal. Estudiaba veterinaria, pero a la vez elaboraba por mi cuenta algunos elementos y objetos relacionados a lo textil. Empecé a ver que eso que yo hacía por hobby tenía un efecto positivo en mis amigos, compañeros, familiares, y también en mí, porque me daba la oportunidad de usar cosas que no podía comprar en el mercado. Descubrí que lo que me gustaba de la veterinaria era el estudio de la profesión y no el ejercicio. Lo que me apasionaba era pensar un concepto y un estilo de vida a través de estos objetos que yo creaba. Después entendí que eso necesariamente conllevaba a la creación de una marca.

¿Ese estilo de vida era el que vos querías llevar o el que viste que faltaba?

Ambas. El descubrimiento de algo que no estaba tenía que ver con mi propia necesidad, la cual, al parecer, era también la necesidad de otros. Allí detecté la oportunidad de negocio y emprendimiento. Pero, principalmente, descubrí que dedicándome a esto canalizaba múltiples aptitudes relacionadas al diseño, creatividad, producción, relacionamiento con terceros; facetas mías que en cualquier profesión convencional no hubiese podido canalizar. El hecho de transformar un estilo en una marca te obliga a insertarte en esa comunidad en la cual se desarrolla, y no solo como un oferente de productos, bienes y servicios sino también como un actor protagónico. Así, la experiencia se hace mucho más rica, diversa y polifacética. Lo que siguió fue crecer y desarrollar ese concepto en nuevas líneas, áreas geográficas y rubros.

Un hobby que fue un estilo de vida, luego una marca, y más tarde una gran empresa, ¿cómo se maneja la idea de éxito en ese caso?

Cómo manejar el éxito es cómo manejar la imagen que los demás crean de uno mismo. En definitiva, los emprendedores que arrancamos desde abajo y que realmente hicimos un laburo de construcción gradual y paulatina, entendemos y asumimos que todo cuesta mucho. Nadie que esté en sus cabales puede creérsela demasiado y no prestar atención a los mensajes de la realidad del mercado. Todos los días tenemos motivos para agrandarnos y para achicarnos. Hay que entender que el éxito es, en rigor, una expectativa satisfecha.

¿La compra de la marca Pampero fue una expectativa satisfecha?

La compra de Pampero representó una idea clara, y hoy un desafío que consiste en reconstruir categorías existentes en las cuales Pampero ya ha sido líder. Me cuesta encontrar el caso de una marca que tenga tanta relación con el mercado, tanto afecto, emotividad y que mantenga una característica tan multitarget en cuanto a la diversidad de productos. Nosotros advertimos que esto existía y entendimos que teníamos las capacidades para transformar todas esas aptitudes en una oportunidad.

Lo nacional y cultural siempre es distintivo en tus marcas. ¿Las empresas deberían darle más relevancia a esto?

Está bueno que un país prodigio en generación de conceptos y de marcas como lo es la Argentina tenga un buen portafolio de marcas que reflejen su propia cultura y su propia historia. No hay ningún país grande que no tenga una suficiente cantidad y diversidad de marcas que lo representen y que sean embajadoras de su producción.

¿Creés que las empresas argentinas así lo reflejan?

Creo que tenemos muchas marcas que son motivo de orgullo nacional y son fieles reflejos de una cultura, una historia y una capacidad de desarrollo de conceptos y de productos en distintos rubros como Arcor, Havanna, La Martina, Novecento. Tenemos muchísimos casos de marcas que, en distintos rubros, dan que hablar en el mundo. Nosotros hacemos nuestra contribución: tanto Cardón como Pampero y el Noble son tres marcas que, en distintos rubros y con distintos enfoques, están cruzando el charco y están teniendo una clara vocación de internacionalización, porque no solo creo que las marcas tienen que ser fuertes localmente sino que tenemos que animarnos a ser competitivos cruzando fronteras.

¿Estamos a tiempo?

Claro que sí. Nadie mejor que la Argentina para desarrollarlo: hay mucho talento, creatividad y conocimiento de nuestro propio mercado. Este último es un valor que muchas veces no lo tenemos en cuenta, pero cuando se viaja por el mundo uno se da cuenta de la importancia que tiene el conocimiento de lo local y de lo fuertes que somos en este aspecto. Tenemos que aprovecharlo.

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