Due Diligence: qué es y cómo realizarlo

Para un potencial comprador, el proceso de investigación de una empresa no pasa desapercibido. Desde los riesgos ocultos y las estructuras hasta su valoración, Barrero & Larroudé comparte qué hacer y qué no si vas a presentar tu compañía frente a un inversor. Conocé más acá.

“No hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”. Si estás buscando sumar un socio para potenciar tu proyecto o vender tu idea, esta frase de Oscar Wilde sintetiza la importancia del proceso de Due Diligence: cuidar cada detalle para impactar positivamente a futuros inversores desde el primer momento de la transacción.

Hacer que tu primera impresión cuente es mucho más que un buen pitch (el punto de partida con el inversor) con una buena explicación del modelo de negocios (que da inicio a la negociación); es mostrar una empresa seria y ordenada (que permite mantener todas las puertas abiertas).

Atravesar un proceso de Due Diligence puede potenciar el crecimiento o destruir a aquellas empresas que no están listas para afrontarlo. Generar confianza y credibilidad entre el inversor y el adquirente implica mostrar a la empresa lo más profesional posible. Para lograrlo es necesario prepararla y ordenarla desde los primeros pasos.

¿Qué es un Due Diligence?

Tener presente el objetivo del proceso es el primer paso para integrarlo a la rutina. El Due Diligence es una auditoría a la empresa realizada por un consultor externo con el objetivo de identificar riesgos en el negocio del vendedor.

En otras palabras, consiste en un proceso de investigación, recopilación y análisis de la información, reuniones y entrevistas, que como resultado emite un informe con recomendaciones sobre los riesgos y oportunidades del potencial negocio a ser adquirido/invertido, además de conclusiones objetivas sobre el estado de situación patrimonial, financiera, legal, laboral y fiscal de la empresa y, en algunos casos, la cuantificación de los potenciales riesgos y/o contingencias.

¿Cómo nos preparamos?

Una buena carta de presentación es responder de manera ágil, concreta y ordenada al requerimiento de información de quien está liderando el proceso. Este concepto aplica tanto para medianas y grandes empresas, pero principalmente para pequeñas y emprendedores.

Estar ordenados es posible siempre y cuando se considere la importancia que tiene la administración desde los primeros pasos de la empresa.

Es importante considerar que como el proceso alcanza a varios sectores y procesos dentro de la compañía, los requerimientos de información son variados y no están sujetos a normas preestablecidas, sino que surgen del acuerdo que se haya realizado, la experiencia de quien lidera el proceso y toda la información confidencial que el vendedor defina.

¿Cómo arrancar el proceso con el pie derecho?

Estar preparados de antemano para garantizar el flujo de información a proporcionar disminuye riesgos. El objetivo es lograr que el informe final del proceso sea lo más limpio y claro posible, lo cual es difícil si los procesos internos y la información no están disponibles con anterioridad.

¿Qué valor tiene para el vendedor el Due Diligence?

Desde el punto de vista del vendedor, el Due Diligence permite a la empresa conocer en qué estado se encuentra, identificando sus fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que, independientemente del resultado de la potencial operación, es una oportunidad de mejora.

En otras palabras, se trata de un proceso largo que amerita una reflexión empresarial. Conocer estos aspectos por parte del vendedor siempre es una ventaja competitiva que le permitirá anticiparse y solucionarlos o presentarse a la negociación con un profundo conocimiento de su empresa, necesario para mantener el control durante todo el proceso de negociación.

¿Cómo mejorar el proceso de Due Diligence?

Actualmente, el proceso de Due Diligence comienza con un dataroom (nube) donde el auditor sube el requerimiento y la empresa va completando los pedidos de información. Este proceso es un ida y vuelta que por lo general se dilata porque las personas de la empresa suelen estar afectadas a otras tareas. Un proceso que debería durar dos o tres semanas puede llevar hasta dos meses o más. Durante ese período, la negociación se enfría y el mayor riesgo termina siendo atravesar el proceso de Due Diligence.

La tecnología permite concentrarnos en lo que realmente agrega valor. Implementar un modelo de Due Diligence disruptivo y digital es indispensable para analizar en detalle los diversos ejes de negocios cada vez más globales y complejos.

Si bien por el momento no existe una forma más ágil, en el corto plazo será inevitable incorporar tecnologías como la inteligencia artificial y el análisis de Big Data para recolectar y comparar la información.

En el proceso de Due Diligence se canalizan muchas energías y expectativas por lo que es necesario estar preparados y ser ágiles. En este sentido, las herramientas tecnológicas pueden ser herramientas valiosas para acelerar los plazos, evitar perder el interés del inversor/adquiriente y tener el control de la negociación.

Endeavor Argentina

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