Ciencia, la nueva Bestia Pop

Complejos procesos explicados en palabras, fotos y videos de lo más sencillos. La ciencia pop se instaló como tendencia para acercar los misterios de este y otros mundos a la mayor cantidad de curiosos posible. Los creadores de El Gato y la Caja nos cuentan por qué.

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En la edición 2016 del prestigioso festival científico Starmus, Stephen Hawking premió por primera vez a profesionales que colaboran con la divulgación de la ciencia en otros ámbitos del conocimiento, especialmente en el arte. Así, se gritaba a los cuatro vientos una tendencia que crece con fuerza: la ciencia ya no es solo para los expertos y es fundamental que el espectro sea cada vez más amplio para lograr un efecto transformador.

No es la primera vez que la ciencia al alcance de la mano, en lenguaje simple y aplicado se mete en la experiencia cotidiana. Ya en 1991, Bruno Latour –filósofo y antropólogo francés– escribía sobre la ciencia y su relación indudable con la cultura. En Argentina, sin embargo, el recorrido empezó hace poco, cuando un grupo de nuevos científicos y emprendedores demostró la intención de salir del laboratorio y hacer ciencia accesible para la mayoría.

En el año 2002 Diego Golombek lanzó Ciencia que ladra en conjunto con Siglo XXI, una serie de libros escritos por científicos pensados no solo para colegas sino para toda la comunidad. Hoy, con alrededor de cien títulos, la serie se instaló en librerías y hasta en los puestos de diarios y ya superó ampliamente los dos millones de ejemplares vendidos. En 2006, mientras Mariano Sigman acababa de terminar el post-doctorado en Ciencias Cognitivas que sería el puntapié para crear un puente entre la neurociencia y la educación, se acercaba la llegada de TEDx  al país, de la mano de GerryGarbulsky, gracias a quien pudimos descubrir un mundo de ideas (y sí, entre ellas, científicas).

Pero sin lugar a dudas fueron las redes sociales las que lograron la vuelta que faltaba. En 2014, aparece online El Gato y La Caja, creación de los biólogos Facundo Álvarez y Pablo González, y el diseñador Juan Manuel Garrido: tres autodenominados “bichos de internet”. Siguiendo la agenda de eventos amplia, estos emprendedores usan todos sus recursos digitales para llegar a un público cada vez mayor, con curiosidades científicas, para dar explicaciones y descubrir vínculos complejos que ya existían pero pocos comprendían.

En un momento decían ser un proyecto multiplataforma de comunicación científica cultural, pero eso era solo para poder presentarse. “Lo que hacemos es incluir una visión científica en el medio de comunicación actual, ya sea desde una mirada más romántica que aprecia el universo, o desde una mirada más escéptica que pide evidencia para hacer afirmaciones que ayuden a tomar mejores decisiones personales y colectivas”, explican.

Más allá de la monetización clásica que permite el mundo digital, y las subvenciones y apoyos que han recibido (por ejemplo, de la Universidad de Córdoba), estos emprendedores ya tienen dos libros publicados y llevan más de 3000 ejemplares vendidos.

La comunidad ¿no? experta

Sus métricas lo confirman. La mayoría de la gente que entra, interactúa y participa en estas plataformas no son de la comunidad científica, por lo tanto, si bien un grupo de expertos tomó el mando de la iniciativa, también hubo, en un principio, una sociedad interesada. En ese sentido, los chicos del Gato explican que el vínculo es recíproco: “vos podes tener el mejor contenido científico, los mejores argumentos que expliquen por qué la ciencia tiene que estar en la cultura popular, pero si dentro de esta cultura no hay un interés previo, no importa lo que vos digas u ofrezcas. La gente no puede disfrutar algo de lo cual no tiene idea que existe”.

Una nueva camada

En este último tiempo, instituciones educativas más tradicionales también comenzaron a interesarse por una formación científica más participativa y horizontal. “Hay universidades, como las de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, que nos convocan en algunos proyectos buscando entender nuestra manera de comunicar ciencia –explica Facundo–. Cuando pablo y yo rompimos con la visión de la academia, tuvimos miedo pero, por suerte, muchos académicos se coparon más de lo que pensábamos”.